¡Joven! ¿Hacia dónde vas?

A menudo sostengo conversaciones con jóvenes que profesan fe en Cristo y en los que impera la necesidad de ir descubriendo qué es lo que han de hacer con sus vidas en el futuro. Muchos de ellos están consumidos pensando principalmente en el matrimonio, otros en cómo emprender su negocio, otros en terminar rápidamente la universidad y muchos de ellos planean cómo pasar sus vidas viajando y disfrutando por el mundo sin tener la necesidad de pagar, o haciendo que otros (principalmente sus padres) paguen por todas sus travesías. Sin embargo debemos advertir que aunque algunas de estas cosas parecen ser legítimas, el pensamiento del joven creyente debe estar principalmente enfocado en glorificar a Dios.

La Confusión reinante.

Es lamentable ver a un gran número de jóvenes cristianos consumidos por lo temporal y adoptando los mismos pensamientos-comportamientos de sus pares incrédulos sin percatarse (quizás por la falta de dirección de sus padres-pastores-ancianos, o por la ignorancia de los mismos) que han rechazado el Señorío de Cristo consciente o inconscientemente, es decir, cuando ellos desean conducir sus vidas como les place, sin tener que rendir cuentas, ellos están dejando en claro que ya no son esclavos de Cristo y que éste no es mas su Señor.

Un joven incrédulo que no tiene ningún compromiso con el Señor, con su familia, con la comunidad, con la iglesia, puede derrochar su vida y su tiempo enfocándose en sí mismo y la sociedad no le juzgará mal porque están adecuados al sistema, ellos podrían decir:”todos fuimos jóvenes y pasamos por eso” o “todos tenemos derecho de cometer imprudencias y comportarnos como necios al menos durante la juventud” Pero estos pensamientos pertenecen al hombre natural y no deben ser aceptados por los cristianos. Esta clase de ideas han penetrado y erosionado los principios Bíblicos que deberían ser preservados entre nosotros.

A diferencia del joven incrédulo el joven cristiano debe ser consciente de su misión aquí en la tierra y estar principalmente enfocado en cómo agradar a su creador haciéndolo todo para que Él sea glorificado. Aquél que ha nacido de nuevo jamás debe pensar que se pertenece a sí mismo. Pensar que podemos hacer con nuestras vidas lo que nos plazca es un rechazo explícito del señorío de Cristo.

¡Vive para Cristo!

En la segunda carta a los Corintios el Apóstol Pablo escribe:

Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”  – 2 Corintios 5: 14,15 –

¿Lo notaste? “para que los que viven, ya no vivan para sí”

¡Es increíble cuantos profesan hoy día fe en el Señor  Jesucristo y viven para ellos mismos!  Ningún creyente admitirá esta acusación tan fácilmente pero: ¿Qué dice la forma en la que vives?  Nadie puede pasar por alto este mandato y vivir como si fuera tan libre como para no obedecer a Dios. Sin embargo cuando levantamos estas demandas hay quienes sienten que una carga es puesta sobre sus hombros y no pueden soportarla, por lo que saltan con un fuerte: ¡legalismo! a quienes recuerdan las palabras del Apóstol Pablo. Pero el mandamiento es claro y nuestro deber ineludible.

Una Verdad Gloriosa

Pero en lugar de desanimarnos por el mandamiento, te pido que dirijas tu mirada nuevamente al versículo (14) y prestes atención a la primera parte:

El amor de Cristo nos Apremia 

¡Oh qué gloriosa verdad! ¡Es el Amor de Cristo el que nos compele, nos impulsa, nos incentiva a entregar nuestras vidas por Él! Es el amor mostrado en la cruz lo que nos mueve a presentarnos como “vivos de entre los muertos”, como un “sacrificio santo”. Es el amor de Cristo que actúa poderosamente en el corazón del creyente para finalmente llevarlo a rendir su vida en servicio sacrificial.

De esta manera podemos afirmar que:

  • El creyente es impulsado por el amor a “tomar su cruz y servir al Señor”
  • El joven regenerado sabe que no se pertenece, que ha sido comprado.
  • El  se entiende a sí mismo como un esclavo del Señor.
  • El no puede vivir perdiendo el tiempo porque sabe que los días son malos.
  • El joven regenerado es esclavo de justicia por amor.
  • El no puede hacer sus planes ignorando a quien ha reconocido como Señor de su vida.
  • El joven creyente no vela principalmente por el cumplimiento de sus sueños, sino que su corazón anhela cumplir con la voluntad de su Señor.

Amado joven, en Cristo hay mayor deleite que en los placeres terrenales. Tu llamado es mucho más glorioso que “ser exitoso” o lograr la casa o el carro de tus sueños, tu llamado es al amor sacrificial por Cristo y su Iglesia . ¿Te regocijas en este llamado? ¿Estás dispuesto a entregar tu vida y poner a un lado tu orgullo y tus sueños para servir a quienes Dios ha puesto a tu alrededor en su providencia? ¿Seguirás viviendo para ti?

 ¡Que el Señor nos conceda decir junto al apóstol Pablo!

“Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo…”

– Hechos 20:24 –

“Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia” – Filipenses 1:21 –

 

Autor: Alexander Phillips

Para:  Espíritu Reformado

 

 

 

 

 

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