¡Encontré la Riqueza!

Él es la profunda e insondable riqueza. Aquel que teniéndolo todo en este mundo no tiene a Cristo, pobre es. Mas aquel que perdiéndolo todo retiene a Cristo,aunque pobre respecto a este mundo, jamás habrá conseguido de Plena Gracia mejor estado que este: ¡el ser llamado de las tinieblas a Su luz admirable! “¿Quién es pobre si nada desea en este mundo?”

Los que hemos crucificado nuestras pasiones y deseos juntamente con Cristo no ponemos nuestra mirada en las cosas de la tierra sino en las celestiales, puesto que hemos muerto para la vergüenza de este mundo y resucitado con Cristo para la gloria de Dios Padre, Quien está sentado donde nuestro tesoro permanece y trasciende a esta tierra; tierra cuyo mísero almacén de orín y polillas será la perfecta remuneración de los que aman el dinero (del cual nunca se sacian) y en el que seguramente serán desechos como por fuego los elementos que tanto atesoraron, para terminar eternamente en la segunda muerte, después de caminar por la senda que creyeron era derecha, y cuyo fin fue precisamente perdición.

Mas los que aman a Dios sus tesoros jamás serán derrochados, ni encontrarán topes de anchura,altura o profundidad en Las Arcas de la Riqueza Celestial, pues el deseo de sus almas es la visión beatífica, ¡el contemplar cara a cara a Quien por nosotros se hizo pecado a fin de que fuésemos hechos justicia de Dios en El! “¿Quién es pobre si nada desea en este mundo?”

El pobre en espíritu es aquel que reconoce contrito y humillado su genuina necesidad de Dios, y al hacerlo creyendo en Jesús ya se ha hecho partícipe de la insondable riqueza del Evangelio: ¡De él es el Reino de los Cielos! ¡Oh, que el Señor nos diese que como Asáf gritásemos: ¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra!

Ni aún las calles de oro y aquel mar de cristal se hacen muy estimables a los ojos del Cristiano, comparado con ver el Rostro de Aquel por cuya sangre hemos sido redimidos de toda impiedad. Las moradas celestes, las gloriosas y deseables habitaciones de la Nueva Jerusalém son como nada para aquel que desea tan sólo ver Su Rostro, pues su corazón es esclavo por amor del Deseado de las naciones; “sus lóbulos han sido perforados contra el poste”; ellos no desean ni aun el pago de su amo, ellos desean al amo.

“¿Quién es pobre si nada desea en este mundo?” El que ha nacido de nuevo sólo anhela una cosa en su corazón: Dar gloria a Dios y gozar de Él para siempre.

Autor: Alessandro Guillén Rondón

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